Papá no bebe descafeinados

Mi relación con el café es una de amor-odio de toda la vida: amor al olor, al sabor, a la idea de tomarse un café tranquilamente en una terracita; y odio al no poder dormir. Ha sido siempre una batalla, incluso simplemente a la hora de hacerlo.

Pero desde la llegada del cachito-carne, la parte amorosa de la relación se ha visto beneficiada por la necesidad imperiosa de estar más despierto y más lleno de energía durante más horas del día. En esto sé que no estoy sólo, porque la adicción a la cafeína es parte del kit que te dan con el carnet de padre. Vamos, que en los últimos trece meses he bebido más café que en los treinta años anteriores.

calcetín haciendo café
Y así todas las mañanas a las siete.

Aún así, el otro día me dió por tomarme un descafeinado en el desayuno. Con lo de trabajar desde casa y sobre todo desde la baja nos estamos levantando más tarde, y es más fácil que caiga una siestecilla aquí y allá (esto sólo desde la baja, papá, que te veo venir con el chiste). Así que pensé que sería buena idea para dormir mejor que siempre es buena cosa.

Pues como ya están imaginándose todos los padres del mundo, resultó ser una malísima idea.

Durante todo el día noté la falta de energía para aguantar el ritmo del cachito-carne. Obviamente él la notó también, y aprovechó para tener más ganas de correr de un lado para otro, jugar a tocar la batería con las cazuelas, y saltarse su siesta. Mi cacho-carne acabó el día quedándose dormido en el sofá a las nueve y media… treinta minutazos antes de la hora normal de irnos a dormir.

Así que desde entonces cafelito todos los días por la mañana temprano, que además ha sido una semana hitos importantes para los que merecía la pena estar bien despierto:

  1. El cachito-carne ha dado sus primeros pasitos por su cuenta. Lleva ya unas semanas andando bastante bien cuando le das la mano (o un dedo para agarrarse), y corriendo como una gacela cuando le das las dos manos (o dos dedos para agarrarse). Pero ahora ha dado por primera vez unos pasitos sin estar agarrado a ninguna mano (o dedo). Estar en casa para vivir ese momento mola mil, y precisamente una ventaja de la cuarentena es que estábamos toda la familia en casa para verlo y aplaudir (el cachito-carne acaba también de aprender a aplaudir, y le encanta darse una ovación cuando hace algo).
  2. Hemos instalado el asiento de la bici para llevar al cachito-carne de paseo, y parece que le gusta. Esto yo creo que a mi cacho-carne le hace casi más ilusión que lo de los primeros pasitos. Seguramente de las cosas que más nos marcaron del Erasmus en Holanda (además de conocer a la cacho-wife) es ver la bicicleta como el mejor medio de transporte vayas sólo, con bebés o comiendo patatas fritas con pindasaus; así que llevábamos como cuatro meses investigando cuáles eran los mejores asientos y cascos para bebés.

Y con eso y un par de barbacoas pues ha quedado una semana muy buena. Voy a ir haciendo café para disfrutar bien de la próxima.

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Hay 4 comentarios a este artículo

  1. pah-put-xee dice:

    ¡Tirano, me boicoteas los chistes!

    1. dresde dice:

      Es que lo tenías a huevo y nos conocemos 😛

  2. chgivy dice:

    Pues creo tu nueva relación de puro amor con el café te durará mucho…
    jajaja, tu cachito-carne pronto pasará a cachito monito, trepándose por doquier, saltando y explorando lo inexplorable!, el mío tiene 3 años y aún me pregunto de dónde saco tanta energía para cuidarlo… si, el café ayuda y mucho!. Por cierto, felicitaciones por tu blog, me encanta.

    1. dresde dice:

      Jaja es probable… alguna día ya hasta he hecho doblete y tomado café de sobremesa para tener fuerzas para el turno de tarde, que ahora le ha dado por saltarse esa siesta.

      Y gracias por los halagos al blog 🙂