En Las Vegas, sin vicio no puedo estar… ¡Vicio! ¡Vicio!

Hay una canción de Reincidentes, Vicio, que fue muy popular en mis años de instituto. Básicamente pone a la sociedad a parir, con estrofas como “cocaína para trabajar porque mi curro me lo exige”, y esa es de las más flojas. Incluso en aquella época habría reconocido que probablemente no fuese una canción apropiada para niños de secundaria, pero ahora sé que en Las Vegas sería poco más subida de tono que mirar por la ventanilla del autobús.

Antes de empezar a contaros mis tres días en Las Vegas, quiero dejar claro que la ciudad tiene dos caras, y que veas una u otra depende de cómo quieras vivirla. Puedes dejarte llevar por las luces y la euforia generalizada, y pasártelo genial disfrutando de tus vicios favoritos porque los tiene todos: espectáculos, restaurantes, casinos, tiendas, sustancias, sexo, etc.. Pero si no, lo que ves es una ciudad pequeña en medio del desierto, exagerada en todos los sentidos, que vive de ser el sitio donde la gente va a gastar dinero a manos rotas por unos minutos de alegría (si hubiese un sitio donde ir a echar billetes a una hoguera, estaría lleno).

Mi cacho-carne y yo vimos las dos caras. La mala, porque aunque era un viaje de trabajo mandaron a mi cacho-carne sólo y la mayor parte de los vicios sin compañía dejan un sabor de boca bastante triste. La buena, porque incluso yendo sólo hay mil cosas que hacer que molan un taco.

El primer día lo pasamos trabajando desde la habitación del hotel, pero mirando la web de entradas de última hora para ver si encontrábamos algo que hacer esa misma noche. Y como en Las Vegas siempre hay algo que hacer, estas eran las opciones dentro de nuestro presupuesto:

  • Espectáculo de superestrella. Las Vegas es un poco donde las viejas glorias van a pasar sus últimos días. Cher, Celine Dion, Britney Spears y David Coppefield estaban allí esa noche.
  • Siete espectáculos (SIETE) de El Circo del Sol. Aunque la cacho-novia dijo que ir a verlos sin ella podía ser un problema importante en nuestra relación.
  • Todos los show girls y boys que os podáis imaginar, y del nivel de guarro que lo queráis.
  • Varios espectáculos de comediantes y magos, y alguno de magos-comediantes.
  • Ir a disparar armas de cualquier tamaño. Por alguna razón que se me escapa, todos los negocios de esto se anuncian con fotos de mujeres en ropa interior sujetando rifles de asalto.

Al final nos decidimos (con ayuda por Whatsapp de la cacho-novia) por butacas de segunda fila para ver Blue Man Group. Si como yo no tenéis ni idea de quienes son pero os sale la oportunidad de ir a verlos, no lo dudéis ni un segundo porque es espectacular y te ríes a más no poder.

El segundo día empezó buscando un sitio para trabajar que no fuese la habitación del hotel, por aquello de ver mundo. Pero Las Vegas no es un sitio al que la gente vaya a trabajar, así que no hay ni librerias ni cafeterías de hipsters donde sentarte horas con un café y tu macbook. La mejor opción son los Starbucks, pero no hay mucha diferencia con la habitación del hotel así que nos volvimos pronto.

Lo que pasa en Las Vegas...
Pues eso. Ignorar este post.

Hablando del hotel, pese a que toda la ciudad son básicamente habitaciones de hotel, no había muchas opciones dentro del presupuesto permitido por la empresa. Así que acabamos en el Flamigo, que hace honor a su nombre porque tiene flamencos en el jardín. Antes tenían también pingüinos, pero se los llevaron a un zoo. Sí, pingüinos y flamencos en el desierto…. ¿he dicho ya que en Las Vegas es todo muy exagerado?

Exagerado no en plan “lo mismo esto es un poco demasiado”, sino en plan “vamos a asegurarnos de que todo sea mil veces más”. Las luces por todas partes (la ciudad entera es como Times Square en gigante), los edificios de los hoteles tan grandes que parece que estás muy cerca pero en realidad tienes que andar otros veinte minutos para llegar, las copias de monumentos (la torre Eiffel, el puente de Brooklyn, la Estatua de la Libertad).  Hasta las fuentes de agua son exageradas. Por no hablar del hotel Le Venetian que tiene canales con góndolas dentro del edificio.

Piscina Flamingo
-Pues si lo llamamos Le Venetian, molaría tener canales y góndolas dentro del hotel, por hacer la gracia.
-No hay huevos…
-O sí.

Pero me voy por las ramas. Como decía, a falta de nada mejor volvimos al hotel y ya puestos bajamos un rato a la piscina. Pero duramos poco, porque a la una de la tarde aquello ya era una fiesta como las de Wolf of Wall Street, con servicio de botellas aquí y allá. Otra vez, estando una persona sola queda un poco raro, sobretodo si en vez de beber está leyendo un libro.

Esa tarde mi cacho-carne fue a una reunión de trabajo (para que no digáis que estábamos allí de vacaciones), pero le volvieron a dejar a su aire por la noche y aprovechamos para disfrutar de otro vicio de la ciudad: la comida. Varios chefs conocidos tienen restaurantes en Las Vegas, y sin ir a ningún sitio muy exagerado (había que mantenerse en un presupuesto razonable para pasarle la cuenta a la empresa) cenamos muy bien en el Gordom Ramsay’s Burger. La hamburguesa estaba estupenda, y los aritos de cebolla los mejores que me he comido.

Gordon Ramsay's Burger
La hamburguesaca de Gordon Ramsay.

Y como la noche era joven,  al volver al hotel en vez de subir directamente a la habitación fuimos un rato en el casino. Siendo la primera vez iba muy consciente de todos los peligros del juego, tenía un presupuesto y el objetivo de durar lo más posible para contar el dinero perdido en la misma categoría que el espectáculo de la noche anterior: X horas de entretenimiento por una cantidad Y de dólares.

Empecé muy bien, ganando en varias rondas en los primeros diez minutos. Tenía que haber parado ahí, pero sólo habían pasado quince minutos así que seguí jugando… y al  final lo perdí todo, aunque aguanté jugando un buen rato y me fui feliz. Lo raro es saber que cada tirada es totalmente aleatoria y aún así encontrarte mirando las estadísticas de las últimas rondas a ver si puedes sacar una conclusión ganadora. Por supuesto, al final da igual que el 25 sea tu cumpleaños, Navidad o la matrícula de un coche que acaba de pasar… pero te dan todos los datos porque saben que si crees que lo puedes entender vas a apostar más. Por eso es importante lo del presupuesto.

Flamencos
Los Flamencos del hotel Flamingo

El tercer y último día en Las Vegas fue el más doloroso. Nos echaban del hotel a las once de la mañana, pero el avión no salía hasta las once de la noche. Y sí, en las Vegas hay mil cosas que hacer pero todas cuestan dinero, así que estuvimos andando toda la mañana cargando con la bolsa del ordenador para ir trabajando a poquitos donde hubiese WiFi gratis. Y además de la bolsa del ordenador, íbamos Strip arriba y Strip abajo con una caja de croissantes de una pastelería famosa (recuerdo del viaje para la cacho-novia).

Al final mi cacho-carne se cansó y pasamos las últimas horas en el bar de un casino, trabajando con la musiquilla de las tragaperras de fondo. Y cuando ya no aguantábamos más fuimos a sentarnos en las máquinas junto a las señoras mayores, a darle al botón. Como juego es bastante coñazo, pero con un dólar llenas media hora.

Y es Las Vegas, así que todo el mundo había visto ese mismo día algo mucho más raro que un calcetín jugando a las tragaperras.

Había que hacerlo… #wheninvegas

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