De Madrid a Montreal con US Airways, o ¿por qué nos metemos tanto con la estupidez de los estadounidenses?

Esta historia comienza en un frío día de enero, cuando la falta de dinero y la caducidad del visado obligaban a mi cacho-carne a abandonar Canadá antes de que le echasen a patadas y no le dejasen volver a entrar. El caso es que, por uno de esos misterios insondables de la aviación civil, tuvo que comprar el billete de ida y vuelta con US Airways para que el precio del vuelo no rebasase con creces lo que quedaba en su cuenta del banco.

Un mes después, gracias a la insistencia de su novia y a unos jefes más que flexibles a la hora de darle días de vacaciones, compramos un billete de Montreal-Madrid con Air Transat porque era una que se desperdiciase la vuelta Madrid-Montreal de US Airways. Una excusa tan buena como cualquier otra que fue colando hasta hacerse realidad.

Pues bien, ya en junio y camino del aeropuerto, mi cacho-carne hizo ciertos comentarios sobre lo absurdo y aburrido que es tener que llegar dos horas antes al aeropuerto, y que eso sólo sirve para que la gente se gaste más dinero en el duty-free. Lo que mi cacho-carne no se imaginaba es que, pese a las precauciones de sus padres, iba a pasar por el check-in tan sólo tres minutos antes de que lo cerrasen; y que fue gracias a esas dos horas de más, Internet y su excelsa madrina por lo que consiguió subirse al avión.

La soledad de los marginados por U.S. Airways.
La soledad de los marginados por U.S. Airways.

Para empezar, el exceso de celo reinante en el mundo de la aviación desde el 11-S es más que preocupante cuando vuelas a o por Estados Unidos o con una de sus compañías aéreas. Ya es malo el tener que registrarte por Internet en el ESTA, pero es peor que ya en la cola para facturar te revisen el pasaporte, si estás registrado y que te hagan preguntas como quién ha hecho tu maleta, cuando, dónde y quién ha tenido acceso a ella. Menos mal que mi cacho-carne ya es un tío maduro y ducho en equipajes, porque hace un año habría tenido que contestar a todo “pues mi padre, obviamente”.

Fue en esas comprobaciones cuando el chico de pocas luces que revisaba el pasaporte de mi cacho-carne volvió de hacer sus comprobaciones en el ordenador con una pregunta:

-Perdona, ¿tienes aquí la tarjeta de residente de Canadá?
-Eh… no. Vamos, ni aquí ni en ningún lado, que yo vivo en Madrid.
-¿No? Ah… anda… pues es que cuando uno va hacia allí lo normal es o ser residente o tener billete de vuelta.
-Lo tengo, pero con otra compañía.
-Ah pues déjamelo por favor.

Entonces el chico fue a hablar con su jefa, que viene a ser lo que un pitbull loco en una perrera de pitbulls locos. Esta tía sumamente borde y desagradable tardó poco en demostrar toda su bordería, desagradabilez y el haberse sometido a demasiados lavados de cerebro por parte de sus jefes bobos estadounidenses. Es decir, demostró porqué la habían hecho jefa de seguridad de una compañía made in U.S.A.

-Hola, ¿eres tú el chico que tiene la vuelta con otra compañía?
-Hola. Sí, soy yo.
-Pues en este billete no sale tu nombre.
-¿No? Qué raro.
-Y si no tienes billete de vuelta no te puedes subir al avión.
-¿No? Pero si sí lo tengo, es ese.
-Pero no pone tu nombre, y sin nombre pues este billete puede ser mío ¿sabes?
-No ya, si me parece raro que no tenga mi nombre.

Ante la cerrazón del pitbull, que alegaba ser plenamente incapaz de comprobar la veracidad del billete por sus medios, mi cacho-carne fue a buscar a la gente de Air Transat para que le imprimieran un billete con el nombre bien clarito y grande. La gente de Air Transat resultó muy maja, pero al parecer tampoco podían imprimir nada, aunque accedieron a interceder por nosotros delante del pitbull.

Que no, que no subes que te falta un papel. Y calla que te muerdo.
"Que no, que no subes que te falta un papel. Y calla que te muerdo."

El problema es que no puedes meter a alguien majo a negociar con un pitbull. En US Airways le dijeron a la chica de Air Transat que yo no podía volar porque no cumplía con la normativa de los documentos y punto, no hay más que hablar. Así que la chica de Air Transat optó por lavarse las manos y salir corriendo antes de que le mordiesen la tibia, dejándonos solos contra el pitbull.

Entonces mi cacho carne, adolescente del siglo XXI, tuvo una idea moderna y se la expuso al pitbull.

-Oye, tengo el billete en mi e-mail, si me dejáis un ordenador lo puedes ver ahí.
-No, porque si el billete no tiene nombre pues es que billete puede ser mío ¿sabes?
-Ya, pero el billete lo mandan a MÍ correo y también tengo en MÍ correo la confirmación de haberlo pagado con MÍ tarjeta de crédito. Ya sería mucha casualidad que no fuese mío ¿no?
-Pues es que no sé si me vale con verlo en la pantalla del ordenador, voy a preguntar.

Tras preguntar en el mostrador, donde otra bellísima representante del personal de US Airways dijo que sin el papel no podía volar y que, además, ella no tenía Internet en su ordenador (cosa curiosa –quiero decir mentira podrida- si el ordenador está conectado con el servidor de US Airways, a todos los ordenadores de la compañía en el aeropuerto y al servicio de aduanas estadounidense para comprobar los pasaportes), mi cacho-carne propuso ir a las máquinas de Internet a monedas del aeropuerto para enseñarles el billete, pero alegaron que eso no era fiable y que la única solución factible era que se lo enviase por fax. El típico fax que uno se saca del culo cuando está en el aeropuerto, vaya.

El fax se usaba mucho hace 20 años: un mamotreto de bastante calibre y que necesita papel en rollo (como el del váter pero más recio, no lo recomiendo) y una línea de teléfono (lo que, hablando váteres, me hace pensar en Orange, que tampoco recomiendo).
El fax se usaba mucho hace 20 años: un mamotreto de bastante calibre y que necesita papel en rollo (como el del váter pero más recio, no lo recomiendo) y una línea de teléfono (lo que, hablando váteres, me hace pensar en Orange, que tampoco recomiendo).

Aquí es donde entra en juego la excelsa madrina de mi cacho-carne, siempre dispuesta a ayudar. Mi cacho-carne la llamó, le hizo un breve resumen de la situación –sin tiempo si quiera de cagarse en la madre de US Airways como es debido-, y le mandó un e-mail con el billete y el número de fax al que tenía que enviarlo. También hay que decir que, poniendo la oreja a la conversación, la única persona con dos dedos de frente del personal de tierra de US Airways le dijo a mi cacho-carne que también valía con enviar el e-mail al correo de US Airways. Sí, ya pensé yo lo de “pero si no tenéis Internet”, pero me dijo “en las oficinas de arriba sí”.

Una vez hecho todo esto, fuimos a decirle al pitbull que ya estaba enviado, y ella dijo “estupendo, te puedo esperar hasta menos cuarto”. Es decir, el check-in cerraba a menos cuarto y faltaban… seis minutos. Cuando quedaban tres minutos y nadie había llamado por el walkie al pitbull, los padres de mi cacho-carne, que seguían al pie del cañón y cargando con la maleta, fueron a ver a la única simpática, que dijo que efectivamente ya tenían todo y que nos dejasen pasar.

En ese instante el pitbull y todo el personal de US Airways dejaron de portarse como unos imbéciles y unos cabrones para pasar a portarse como unos imbéciles “queremos ser tus amigos”. Así nos colaron en todas las colas de seguridad y demás para que llegásemos a la puerta de embarque a tiempo de subir los últimos. De hecho el pitbull dijo que la esperásemos antes de subir al avión para despedirse…. menudos huevos tiene la tía.

“Jo, que queremos ser tus amiguitos, mira que salaos y majetes somos.”
“Jo, que queremos ser tus amiguitos, mira que salaos y majetes somos.”

Los detalles graciosos de esta historia son varios. Para empezar, lo de que hace falta un billete de vuelta es mentira. Puede que yo vaya hasta Canadá, donde puedo estar seis meses, luego salga por Estados Unidos, donde puedo estar tres, luego a México… y así me pase dando vueltas hasta que se me acaben las ganas, por lo que compraré el billete de vuelta desde el país en el que esté. Además, el tener un billete de vuelta no asegura nada. Cuando fuimos a Ottawa el verano pasado mi cacho-carne tenía un billete de vuelta para dos semanas después de llegar, y con el asombroso truco de no coger el avión se quedó seis meses.

En fin, pasados los sofocos pasamos un vuelo sin mayores noticias, en el que el cutre-bocadillo de “merienda” era bastante mejor que el menú de la “comida”. Y así llegamos a Filadelfia, donde había que esperar una hora hasta coger el avión que nos llevaba a Montreal. O esa era la idea.

Según se bajó del avión y tras pasar los varios controles de seguridad de los americanos, a mi cacho-carne le tembló el pañal cuando vio en las pantallas que su vuelo, el de las 17:30, se había cancelado. Tras un par de carreras en el aeropuerto nos hicieron un hueco en e vuelo que salía a las 20:30, pero este vuelo anunció un retraso para las 20:50, cinco minutos después lo anunció para las 21:35, en lo que se tarda en ir al baño cambió a las 22:35 y, finalmente, se fijó la hora de salida para las 23:00. Creo que al final salimos a las 0:00, tras cenar en el aeropuerto, hablar varias veces por teléfono, conocer a una familia mormona y a un mexicano quejumbroso porque “el francés es muy complicado porque las vocales no se pronuncian claramente, y en un idioma las vocales claras son esenciales, no se puede entender si no y el francés no las pronuncia claras”.

Durante este tiempo los anuncios sobre el porqué del retraso no dejaron de llegar. Así supimos, primero, que el avión salía con retraso del aeropuerto del que venía por culpa de unas tormentillas. Más tarde, cuando el avión ya estaba al otro lado del túnel de la puerta de embarque, resulta que la tripulación “está en el aeropuerto, pero no sabemos dónde”. Finalmente, cuando ya estaban en su sitio tanto la tripulación como el avión, escuché un anuncio tan increíble que pensé que la falta de sueño ya me estaba afectando seriamente: estaban cambiando los neumáticos del avión. Supe que no era un sueño cuando, una hora después, un americano gritaba “juro por Dios que no hay un puto neumático en el mundo que tarde tanto en cambiarse”. Mi cerebro no habría sido capaz de recrear una escena tan peliculera, culminada con otro americano que quitó el cartel con la hora del vuelo porque “dejar esto es una falta de respeto”.

A ver, esto cómo le he visto yo hacerlo a papá…
A ver, esto cómo le he visto yo hacerlo a papá…

Al final subimos al avión a eso de las 23:15, así que mi cacho-carne se durmió en su asiento a eso de las 23:16. Por eso le sorprendió que, después del aterrizaje y tras anunciar la llegada a Montreal, el personal de vuelo se disculpase por todos los problemas y retrasos incluyendo el de no poder despegar por la falta de personal de tierra. Eran las 2am, siete horas después de la hora planeada.

En resumen y como consejo: si tenéis que escoger entre US Airways y la muerte, escoged la muerte que al menos será puntual.

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Hay 17 comentarios a este artículo

  1. dresde dice:

    @Intimacy: tienes la entrada en este blog también, con más coloritos. Gracias por lo de «mi humor»

  2. Intimacy dice:

    Aún me río con la descripción de el «pitbull», me gusta tu humor 🙂
    y gracias por el articulo sobre Automator en tu blog antiguo!

    (Si, hay mas gente que ha entregado su riñón a Steve Jobs)

  3. dresde dice:

    Jajajaaj, ok. A mi miedo tengo que reconocer que muy poquito, ahora coñazo sí me parece. Y bueno, mis últimas experiencias tampoco me hacen querer repetir eh!

  4. eduardoritos dice:

    Quiero decir, si tuvieras miedo a volar, como yo.
    Cagueta (me insulto a mí mismo).
    Encima, en dos semanas ver las temporadas 4 y 5 de LOST, pues como que no ayuda.

  5. eduardoritos dice:

    Calcetín, si tuvieras miedo a volar buscarías excusas cojonudas como las mías para no hacerlo.

  6. dresde dice:

    @eduardoritos: Yo no viajaría el avión si no fuese a sitios que están a 5.000 kilómetros, pero me gusta ir de un lado para otro y no tengo tiempo para ir a patita :). Y sí, una ciudad no es más que un conglomerado de casas, pero no es lo mismo Salamanca que Barcelona, y eso que están en el mismo país. Conocer mundo no es sólo ir a un lugar, es conocer la cultura y la forma de ser de la gente.

    Y tranquilos todos que si escribo cuando me pasan estas cosas es porque me parece sumamente entretenido y espero que la gente se ría ;P Así le saco partido a mis sufrimientos, jeje.

  7. eduardoritos dice:

    Yo tengo varias ventajas respecto a tu situación:
    A- No viajo en avión, salvo casos de extrema necesidad. Esto solo ha sucedido en una ocasión (viaje a Berlín el año pasado).
    B- Un viaje a USA nunca ha sido considerado de extrema necesidad.
    C- Conozco España y Francia estupendamente. Una vez estuve en Italia (en San Remo, que está a una hora de coche de Niza).

    O sea, que me dirán cuentos de que el mundo es muy grande y que hay mucho para ver, pero yo voy a donde alcanza mi coche, y poco más. Total, al final… una ciudad son un conglomerado de casas. y un bosque es un bosque (y yo vivo rodeado de bosques).

    De todas formas, sobre que nos hagamos risas con tus pesares, ya sabes que los payasos siempre han sido un poquito tristes, y que las canciones más bonitas son esas en las que el chico sufre mucho (o la chica, en el caso de Conchita).

  8. Pama dice:

    Acertaste!Un gallifante para ti!

  9. Pama dice:

    No hay nada mejor que compartir penurias y hacer sonreir 😉
    Si aciertas (quizá mañana lo sepamos con la última eco, si se deja ver…) te aviso!

  10. Gromit dice:

    Mmm…
    Curioso…
    El maravilloso mundo del transporte de pasajeros…
    Y el de los perros (en el cual me incluyo) aunque puedo asegurarte que en los últimos comités estamos barajando la opción de sacar de las fiestas a los Pit-Bull… A nadie nos caen del todo bien…
    A seguir disfrutando viajando… Que es de lo que se trata…

  11. dresde dice:

    @Pama: siempre mola ver que la gente se lanza a comentar. Ahora, también me siento un poco raro con eso de que mis tristes experiencias hagan a la gente troncharse de risa. PS: va a ser niño 🙂

  12. Pama dice:

    Ole y ole, llevo tiempo leyéndote en la sombra pero hoy me has arrancado dos carcajadas… Qué razón tienes. Lo peor, que las normas se las sacan del pa;uelo de azafata, porque no las hay escritas en ningún sitio, sólo te puede de verdad exigir un billete de regreso o un visado un agente de aduanas…
    Que disfrutes de tu viaje de todas maneras!

  13. dresde dice:

    @Pah-put-xee: Muchos menos de los que cabría suponer después de tantos años. La mierdecilla, que protege.

    @Pili: Porque después de todo eso tenía 6 horas metido en un avión. Además, es una forma de protestar bien alto, par que cuando la gente busque US Airways les salga todo esto y se lo piensen mejor.

    @Karol: No lo sé, pasa sólo cuando viajo sólo desde hacia norteamérica (o por norteamérica, vaya), es una especie de maldición.

  14. Karol dice:

    Por qué siempre te pasan estas cosas a ti nene?? Por qué?

  15. Pili dice:

    Lo que más me sorprende es que después de todo aún te queden fuerzas para escribir tal historia…

  16. Pah-put-xee dice:

    ¿Adolescente del siglo XXI?… ¡Si ese calcetín tiene más zurcidos que el traje de luces de José Tomás!