La verdad es que este Mundial se nos ha dado bien. No me referiero sólo a nuestra selección, que ha hecho un torneo increíble y ha demostrado sobre todo en la semifinal y la final una superioridad indiscutible. Me refiero a que el cachito-carne se va a acordar de este Mundial toda su vida.
Entre las muchas cosas que en 2026 nos dicen a los padres que tenemos que hacer para ser vistos como buenos padres porque si no queríamos hacerlas no haber tenido hijos que nadie te obligaba, una de las que destaca es prestar atención a las «core memories» que vamos creando. Aunque el término está menos extendido por la cultura popular hispanohablante, la traducción que parece más estandarizada es la de «recuerdos fundamentales»; y la idea es que a lo largo de nuestra vida tenemos experiencias que generan recuerdos con una carga emocional muy alta, positiva o negativa, y que se convierten en pilares de nuestra personalidad e identidad. Vamos, cosas que nos marcan hasta el punto de explicar por qué somos como somos y hacemos lo que hacemos. Por ejemplo, que nos guste ir a la playa puede ser porque tenemos recuerdos fundamentales de las vacaciones en familia cuando éramos pequeños, no teníamos preocupación alguna, y todo el mundo a nuestro alrededor era feliz yendo en bici a por helados. O que evitemos los paseos en la montaña puede ser porque tenemos el recuerdo fundamental de una vez que pasamos mucho miedo durante una tormenta de nieve.
Hace dos años apuntamos al cachito-carne a un campamento «multi-sport» en el que, como era de esperar, se pasaron la mayor parte del tiempo jugando al fútbol1. Por entonces el cachito-carne no era muy deportista (salvo para la bici), y nos contó un día que en vez de jugar al fútbol él se había sentado a la sombra con otros niños a coger flores. Vamos, que interés en el deporte rey precisamente no tenía, y eso era con un par de amigos en el mismo campamento que iban cada día con una camiseta distinta de Mbappé. Por eso de cara al mundial de este año estábamos preparados para que durase viendo cada partido cinco minutos. Pero al final ha sido todo lo contrario: el cachito-carne se ha convertido en un fan de tomo y lomo gracias a la magia de tener la camiseta de la selección, de que Toronto sea una de las ciudades más multiculturales del planeta, y de que con la excusa de que algunos partidos se jugaban aquí se ha subido todo el mundo al carro futbolero.
Así que lo que el cachito-carne va a recordar de este verano es que ha ido al colegio y a los campamentos con la camiseta de España y automáticamente era más popular que el Papa. Que mientras España pasaba de ronda una y otra vez, él metia goles en el campamento (el mismo «multi-sport» en el que antes cogía flores) y hasta le daban un premio de MVP. Que su padre iba a recogerle pronto los días de partido para verlo juntos con palomitas y con amigos. Y de que llegamos a la final, y la ganamos, y salimos a dar la vuelta al barrio con banderas de españa y cantando «campeones, campeooones» y que los coches pitaban y la gente nos saludaba, y que hicimos paella para celebrarlo2.
Vale, a lo mejor el cachito-carne no es el único que ha creado recuerdos fundamentales este mes.

- Popular, fácil de organizar, requiere equipación mínima, puedes ser un paquete y divertirte igual… muy buena elección para estas cosas. ↩︎
- Si se pone el modo Manolo el del Bombo para ver el fútbol, se pone del todo. ↩︎

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