Con el frío y las tormentas de nieve hace tres meses que no se me ocurre ni siquiera pensar en una bicicleta. Pero esta semana hemos tenido un par de días con la temperatura por encima de cero grados y ha habido que llevar el coche al taller, así que ya he puesto a cargar la batería. Sí, la batería, porque desde el año pasado tenemos bici eléctrica y es un inventazo espectacular: ir a buscar al cachito-carne al colegio, una tediosa tarea más de vida aburrida, se transforma en un gustazo de paseo con el que terminar el día.

En sus casi siete años de vida, el cachito-carne ha pasado mucho tiempo de pasajero en una bici. Primero en la Fuji Declaration de una sola marcha que tenía a mi cacho-carne enamoradísimo. Un par de años después lo de tener sólo una marcha seguía siendo muy hipster de Toronto pero muy poco práctico para subir cuestas con un pasajero que cada vez pesaba más, así que nos buscamos una buena bici de aventura con sus marchas y agujeritos para el sujeta botellas1. Y la verdad es que gracias a que el cachito-carne es pequeño y ligero aguantamos con esa bici y la sillita más de lo que imaginábamos, pero a principios del año pasado ya empezaba a haber más niño que bicicleta.
Tocaba buscar otra solución, y mejor una de pedales porque después de cinco años yendo en bici todos los días del verano ya se había convertido en nuestra rutina. Sí, muchas veces había que ir en coche (por lluvia, prisa, un radio de la rueda de atrás roto…), pero no da el mismo gustirrinín. El coche es aburrido, contamina, se queda atrapado en el atasco… y ahora que la cacho-wife está teniendo que ir más días de la semana a la oficina, el coche no está siempre diponible para hacer el servicio de taxi (o le toca siempre a la misma hacer de taxista, que tampoco mola).
La mejor opción habría sido poner al cachito carne en su propia bici, que lleva varios años haciéndolo, le gusta y apunta maneras2. Por desgracia, el trayecto para volver del colegio es un poco demasiado largo, tiene un par de cuestas importantes, y pasa por una zona más industrial con camiones bien gordos circulando a todas horas. Ni parece razonable esperar que el cachito-carne haga ese camino todos los días, ni queremos convertir el agradable paseo en bici de después del trabajo en treinta minutos de tensión.

Descartada su propia bici, barajamos varias alternativas. Desde gastarnos unos doscientos dólares en una extensión tipo trail-a-bike (la opción favorita del cachito-carne) hasta gastarnos ciento cincuenta veces más para tener un segundo coche porque, pedales o no, al cachito-carne hay que ir a buscarle todos los días. Antes de que me critiquéis: el transporte público, que en otra ciudad sería una opción muy lógica, aquí no nos vale porque para ir de casa al colegio tenemos que coger dos autobuses y andar un cuarto de hora (en bicicleta son veinte minutos).
Pero mi cacho-carne tenía una visión: una bicicleta de transporte eléctrica, con la parte de atrás configurada para el pasajero más importante de la casa3. La tenía escogida (la Yuba FastRack4) y hasta consiguió arrastrarnos a todos a probarla una vez. El único inconveniente del plan era el precio, incluso habiendo encontrado una buena oferta de segunda mano. O, más concretamente, el problema era el precio para una bicicleta con el propósito específico de ir y venir del colegio y que no vamos a poder usar varios meses al año porque lo de la bici no es compatible con el Invierno Canadiense™. Un segundo coche es más caro, pero se puede usar todo el año y sirve para ir de camping o hasta Manitoba si quieres. Por suerte para el cacho-carne, mientras estábamos en esas negociaciones el coche pasó por el taller y volvió con un argumento ganador: es una bici cara, pero cuesta menos que dos años de seguro y mantemiento de un coche.

Y así es como hace un año nos trajimos la bici a casa, y empezamos a usarla para todo lo posible: la recogida del colegio por supuesto, pero también actividades extra-escolares, natación los fines de semana, más de una compra… al final, mil kilómetros entre abril y diciembre. En parte porque tenemos que demostrar y autoconvencernos de que fue una buena compra, y en parte porque mola un huevo y medio. No lo digo yo, ojo, lo dicen el cachito-carne y sus compañeros de clase, los otros padres del colegio, conductores que nos ven pasar y nos saludan… porque si la temperatura acompaña, ¿quien prefiere meterse en un coche en vez de dar un paseo en bici?
Obviamente lo que más miedo nos da es que nos la roben. Sigue siendo más barato que te roben la bici a que te roben el coche, pero también es bastante más fácil y, seamos sinceros, la policía se esfuerza bastante más en acabar con los robos de coches que de bicicletas. Para sentirnos mejor hemos comprado la cadena más gorda que hemos encontrado, y cuando aparcamos en algún sitio que nos da peor rollo ponemos tres candados y nos llevamos la batería en la mochila. ¿Excesivo? Seguramente, pero es que si nos roban la bici antes de que le hayamos sacado todo el retorno a la inversión va a ser muy complicado convencer a nadie de comprar otra…
- Una Marin Nicasio que aguanta lo que le eches, pero que no me tiene tan enamorado como la Fuji. ↩︎
- No es por tirarme flores, pero creo que le sale tan natural porque es lo que ha vivido desde pequeño en casa: la bici no es sólo un juguete, es el medio de transporte favorito. ↩︎
- Una versión alternativa incluía una bicicleta de las de caja delantera, para llevar juntos al cachito-carne y a un posible futuro perro. Pero esa visión era más difícil de vender, sobre todo sin perro. ↩︎
- Buena relación calidad-precio, más capacidad de carga que otras en su nivel, fácil conversión entre uso de carga y de pasajero, cómoda para dos adultos de altura muy diferente… y si no tienes un garaje en el que quepan cinco bicis, se puede guardar en vertical. Una joya. ↩︎

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