La primera semana de nuestros próximos veinte años

Como decía la semana pasada, el cachito-carne ha empezado a ir a la guardería. Ha sido un cambio muy grande para toda la familia, pero tenemos tiempo para acostumbrarnos porque esta va a ser básicamente nuestra vida los próximos veinte años: rutina matinal para mandar a los adultos al trabajo y al cachito-carne al colegio, y nos vemos por la noche.

Y amigos, es duro pasar de estar todo el día con el cachito-carne a verle sólo para desayunar y cenar.

El cachito-carne posando para el primer día de clase.
¡Listos para el primer día de clase!

No es sólo pasar menos tiempo con tu nuevo mejor amigo, o el tener que volver a estar todo el día currando en vez de jugando. Es que además al cachito-carne no le gusta que le dejes en la guardería por la mañana, y el ratito que tenemos por la noche está cansado y mosqueado.

Que no le guste que le dejemos por la mañana lo entiendo. Para él también es duro pasar menos tiempo con sus mejores amigos o, en el caso de que haya una pandemia, las dos únicas personas con las que has tenido contacto en los últimos seis meses. Y además estoy seguro de que no sabe el tostón que es trabajar y se cree que en casa seguimos igual: haciendo torres de bloques, leyendo La Oruga Muy Hambrienta y yendo al parque… pero sin él.

Y que por las tardes esté cansado tiene sentido. Se pasa el día descubriendo cosas nuevas, conociendo gente y aprendiendo a relacionarse con otros cachitos-carne. Pero lo de que esté mosqueado es lo más difícil, porque es injusto y aunque haya tenido un día estupendo no se le ha olvidado que ocho horas antes le hemos «abandonado». Y para colmo ya nos han dicho que cuando se le pase esta fase, es muy probable que por las tardes esté mosqueado porque a ver a qué vienes tú a recogerle para darle un baño y ponerle a dormir con lo bien que se lo estaba pasando él en la guardería.

El cachito-carne entrando a la guardería.
¿Sabéis cuando todo el mundo te sonríe y te dice que lo vas a pasar muy bien y tú empiezas a sospechar? Pues creo que este es el momento en que el cachito-carne tuvo esa sensación por primera vez…

Por suerte, es 2020 y tenemos algunos avances sociales, educativos y tecnológicos que nos hacen la cosa un poco más fácil. Si no desde el punto de vista emocional, al menos sí desde el punto de vista práctico: la guardería tiene una app para el móvil donde nos van compartiendo «updates» y alguna foto del cachito-carne durante el día. Y mira, recibir una notificación de que a las 11:47 ha habido un «bowel-movement» que no has tenido que limpiar tú ayuda a sobrellevar la separación.

También hacen un plan para la primera semana para que toda la familia se adapte al cambio y minimizar la sensación de ocho horas de «abandono» de sopetón: una hora primer día, dos horas el segundo día, cuatro horas el tercer día, y al cuarto día ya jornada completa. Un plan que estoy seguro que funciona mucho mejor cuando papá todavía está de baja esa semana, en vez de tener que hacer malabares e invitar al cachito-carne a las videollamadas de trabajo.

Pero lo más importante es que hemos sobrevivido, y tras una semana muy dura acostumbrándose a los cambios, el cachito-carne ha disfrutado de su primer auténtico y verdadero fin de semana.

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Hay 4 comentarios a este artículo

  1. Ales dice:

    ¿Sabéis cuando todo el mundo te sonríe y te dice que lo vas a pasar muy bien y tú empiezas a sospechar?
    Lo recuerdo cuando yo era pequeño, fijate el trauma.
    Me alegro de que cachito-carne este adaptandose bien a la guarde

    1. dresde dice:

      Yo os tengo mucho respeto a los que os acordáis de estas cosas. A mí como no me lo cuenten y me enseñen fotos…

      Pero al cachito-carne no parece que le haya marcado como a tí, que ya se ha hecho a ello y parece que va contento 🙂

  2. pah-put-xee dice:

    ¡Él también os echa de menos!¡Seguro!

  3. Marisa dice:

    Qué penita!!! Pobres padres.
    Théo empieza el camino de la independencia.