El Carnaval de Quebec City

Como creo que ya he dicho alguna vez, el Invierno Canadiense™ es durillo. Incluso en Ottawa y Toronto, que son de los sitios más al sur y calentitos en los que hemos estado, no hay invierno en el que no veas alguna vez -25°C. Eso hace que la gente se quede en casa en vez de salir a hacer cosas. Tanto los turistas como los que vivimos aquí, porque se ve que el no querer que se te congele la nariz (literalmente) es común seas de donde seas.

quebec city en invierno
Pensando en la inmensidad del frío.

Que la gente no salga hace daño a la economía de ciudades que viven del turismo, y por supuesto mucho daño a la moral del personal que se pasa cinco meses sin poder hacer mucho más que quedarse al lado de la chimenea, por mucha pastilla de vitamina D que nos tomemos con el desayuno.

Quebec City es una de esas ciudades, pero para compensar se han sacado de la manga un festival de Carnaval bastante chulo que atrae a cientos de miles de turistas cada año. Como la novia de mi cacho-carne tenía que estar por allí por trabajo en esas fechas el mes pasado, mi cacho-carne y yo aprovechamos para acompañarla y pasar allí el fin de semana.

carnaval quebec
Foto de familia en el carnaval de Quebec City

Obviamente el Carnaval de Quebec City no tiene absolutamente nada que ver con los de España, y mucho menos con los de Brasil. Como se celebra a finales de enero y principios de febrero, que es básicamente cuando más pega el Invierno Canadiense™, lo de salir en tanga a tocar tambores por el sambódromo queda descartado (en esas fechas, con la temperatura que hace, tienes frostbite en quince minutos en donde haya piel expuesta). Y disfrazarse… no hay tantos disfraces que incluyan abrigo, manoplas, bufanda y gorro.

Este carnaval tiene, por un lado, mucha tradición: competición de cortar troncos, bailes tradicionales, cuentacuentos de cómo vivían los primeros que decidieron quedarse a vivir por ahí… Creo que la idea es ayudarte a llegar hasta primavera haciéndote pensar “si esa gente con una manta y una tetera aguantaba y les quedaban ganas para bailar, yo en 2018 con termostato conectado al móvil y pantalones diseñados en un laboratorio para maximizar la retención de calor no me puedo quejar”.

Escuchando historias de cuando hacía mucho más frío.

Y no son solo las tradiciones. Las actividades de la calle también tienen mucho de “¡pero si el frío es divertido, cómo nos gusta el frío!”. Nosotros jugamos al curling (donde mis cachos-carne lo petaron, se nota que ya tienen experiencia), vimos la competición nacional de esculturas de nieve, tiramos hachas (que se puede haer también al sol, pero que mola), vimos partidos espontáneos de hockey, participamos en un futbolín humano (la cacho-novia metió más goles que Christine Sinclair*) y pasamos por el mini zoo a ver cabritas, ovejas, alpacas y conejitos (“si los animalitos aguantan sin abrigo, ¡los humanos también podemos!”).

También visitamos el Palacio de Hielo, que como se derrite aprovechan para hacer uno distinto cada año. El de 2018 ha sido bastante psicodélico, con luces y sonido y quizá más pensado para el año que viene cuando la marihuana ya esté legalizada en Canadá. En cualquier caso el Palacio es importante porque es donde se celebran los actos de inauguración y clausura, y según la tradición es donde vive la mascota del carnaval: Bonhomme Carnaval. Que yo estoy seguro de que es familia del muñeco de Michelín y el Stay Puft Marshmallow Man… no lo he confirmado pero ahí tenéis fotos.

Pero con tanta cosa al aire libre en el frío, ¿cuál es de verdad el secreto para aguantar y sacar ganas para ir a ver más cosas? Pues que al lado de las actividades siempre hay una cabañita o una barra de hielo donde pedirte una cerveza, un vino, un carajillo o un chupito de licor de whiskey con jarabe de arce (muy rico, por cierto); y durante el carnaval no está mal visto pasarte el día bebiendo. Para entrar en calor, ojo, no en plan “vamos a cogernos el mayor moco de nuestra vida” como en las fiestas populares españolas. La vestimenta tradicional incluye un gorro rojo, una especie de bufanda/cinturón tradicional llamada Fléchée (y lo de bufanda/cinturón es literal, porque es para sujetar la ropa sin que te entre frío por el resquicio entre la camiseta y el pantalón) y de manera extraoficial una petaquita en el bolsillo.

Además, esto de entrar en calor a chupitos probablemente ayuda a explicar algunas de las otras tradiciones del Carnaval de Quebec City. Por ejemplo, la carrera de canoas por el hielo. Ahora para participar tienes que tener un equipo y un patrocinador y tal, pero es de esas cosas que tiene toda la pinta de haber empezado con un “no hay huevos” después de un buen rato en el bar entrando en calor…

Otra tradición que puede haber tenido un origen similar es el tobogán de hielo en frente del Château Frontenac. Y esta además se nota que es antigua por dos cosas: la falta de medidas de seguridad (que hoy en día no colaría) y la edad media de las instalaciones. Simplemente vas, pagas tres dólares, te dan un trineo de cuando tu bisabuelo cogía el tranvía, te subes a una temeraria estructura de madera y de dejan tirarte por uno de los pasillos de hielo que han construído.

Para esta no hace falta ser profesional y los tres dólares te los patrocinas tú mismo, y también os digo que es de largo de las cosas que más nos gustaron. Es una buena combinación de feria de toda la vida, tradición local, esfuerzo (porque subir el trineo hasta la zona de lanzamiento tiene lo suyo), simplicidad y adrenalina. Al final la bajada no creo que sea más de veinte o treinta segundos pero los vives a tope.

En resumen, el Carnaval de Quebec City es una idea excelente para ver las cosas positivas del frío, y una muy buena excusa para pasar un fin de semana en una ciudad chula que, además de saber divertirse, es una de las capitales gastronómicas de Canadá. Porque los restaurantes y bares a los que nos llevó la cacho-novia fueron todos espectaculares, con mucha apuesta por las cosas locales y tradicionales y lo que llaman “cocina boreal”. Bueno, y un platazo de morcilla estupendo del que no me voy a olvidar en mucho tiempo.


*Pensábais que iba a decir Messi o Ronaldo, ¿eh? Pues no, que ahora soy canadiense y hay que barrer para casa.