Mzolis, nuestra experiencia con la braai y los townships en Sudáfrica

Ya he hablado (aquí y aquí) sobre Cuidad del Cabo y sus townships, y de como los blancos (turistas, expatriados y sudafricanos de toda la vida) los evitan porque parece que no son especialmente seguros (para los blancos, se entiende). Pero en algún momento alguien descubrió Mzolis, un sitio de barbacoa («braai» que la llaman allí) en uno de los townships que se ha convertido en visita obligada para turistas y pasatiempo habitual de residentes. Si la braai es una religión en Sudáfrica, Mzolis es una de sus mayores catedrales. Así que barbacoa, cosa típica que ver… allí que fuimos, claro.

Sello de entrada en Mzolis, Ciudad del Cabo
Vaya que si fuimos a Mzolis…. (Foto y brazaco de Alex Baeza)

Lo primero es tener en cuenta que, aunque sea famoso y habitual que vaya gente de fuera del township, Mzolis sigue sin ser el sitio más seguro del mundo. En la misma puerta del sitio tienen unos guardias de seguridad gigantescos que al entrar nos dijeron muy seriamente que cuidado con las cosas y que «si notas que alguien mete la mano en tu bolsillo agarra la mano y grita hasta que llegamos nosotros». Ojo, también es cierto que el guardia y el comentario acongojante ayudan a crear el ambiente necesario para que recuerdes la experiencia toda la vida… y aunque nos recomendaron no llevar teléfono, cámara ni nada que no fuese imprescindible para comer carnaza y beber cerveza, allí vimos a gente con sus cámaras  haciendo fotos y no vimos ningún problema.

Mzolis Ciudad del Cabo Música
Haciendo música con botellas de cerveza. Preocupadísimos por la seguridad, eh… (Foto y percusiones de Alex Baeza)

El caso es que, como ha he dicho más de una vez, si vas con cuidado y no haces ninguna subnormalidad no parece haber problema, y la experiencia merece mucho la pena. Para empezar porque es el único sitio en todo nuestro viaje a Sudáfrica donde vimos a blancos y negros disfrutando de la vida como iguales… en grupos separados y sin mezclarse mucho, pero es un principio.  Además, ir a Mzolis es una excusa perfecta para ver un township desde dentro sin ir cagado de miedo y sin ir en una visita guiada como si eso fuera el zoo.

La experiencia Mzolis empieza en el centro de Ciudad del Cabo. Aunque se puede ir en coche parece mejor idea coger el autobús, ya que ni es el sitio más seguro del mundo ni la idea es beber poca cerveza para luego conducir. Cuando digo «autobús» me refiero a las furgonetillas que negocian el precio del viaje, conducen como locos y si les dices que paren en medio de la autopista ahí te dejan. Es una experiencia típica de Ciudad del Cabo, ya que el servicio municipal de autobuses deja todo que desear.

Mzolis Carnicería Ciudad del Cabo
Vamos a hablar de la carnaza de Mzolis ya. (Foto de vickyflipfloptravels.com)

Una vez llegas al township hay varias paradas obligatorias, y la primera es la carnicería. La verdad es que si eres un poco tiquismiquis con la comida a lo mejor prefieres saltarte esta parte, porque no huele precisamente a limpio y desinfectado, pero si tienes el estómago para aguantarlo es impresionante. No sólo la parte de la carnaza, son sus barreños con cientos de kilos de pollo, vaca, cordero y borewors, sino porque después de pagar por la carne llevas tu barreño a las «cocinas» donde tienen unas barbacoas gigantes cocinando carne a todo trapo. Nosotros compramos carnaza para unas veinticinco personas por algo menos de sesenta euros, y eso incluye la carne, cocinarla y la entrada al patio (al patio no puedes entrar sin el ticket de haber comprado carnaza).

Mzolis Ciudad del Cabo Barbacoa
La cocina de Mzolis a todo trapo (Foto de vickyflipfloptravels.com)

A nosotros nos dijeron que la carne estaría lista en una hora, pero la gente que ya había estado nos dijo que seguramente estaría más cerca de las dos horas. Así que antes de entrar en el patio a esperar hay que hacer la segunda parada obligatoria, la de avituallamiento cervecil. Resulta que una señora que vive al lado de Mzolis tiene una visión para los negocios que ya quisiera Florentino Pérez, y como Mzolis te deja traer tu propia bebida ella vende en su casa toda la cerveza que haga falta. En serio, teniendo en cuenta el tamaño de Mzolis y la cantidad de veces que fuimos nosotros a visitarla, tiene que vender más que la Mahou. Además es la mejor excusa para ver una auténtica casa de un township por dentro, porque si lo pides con educación te deja usar su baño y aprovechas para cotillear un poco (para asegurar el éxito de la misión, mejor preguntar después de comprarle veinte litronas).

Cargados con el cubo lleno de cervezas, la siguiente parada no es menos importante. ¿El motivo? La señora de la cerveza no las tiene en la nevera y estás en medio de Sudáfrica, así que hace falta bien de hielo. Para eso vas a la tienda que está justo enfrente de Mzolis, que es como los chinos de Madrid, y compras hielo, botellas de agua, patatuelas e incluso helados. Da peor rollo que Mzolis o la casa de la señora de la cerveza porque lo pides todo a través de una reja, pero al mismo tiempo te hace pensar en qué medidas de seguridad tendrá la señora de la cerveza para sentir que no necesita rejas y que puede dejarte entrar hasta el baño…

Fiesta en Mzolis, en Ciudad del Cabo
Españoles -y demás- en su salsa (Foto de Alex Baeza).

Y cuando ya tienes todo lo necesario para ponerte gordaco y disfrutar de la vida, entras al patio de Mzolis y rezas por encontrar sitio para todo tu grupo (importante ir pronto). La cosa empieza lenta, pero con las patatuelas y las cervezas (sobre todo las cervezas) para cuando llega la carne el sitio es una fiesta de impresión. Es una especie de círculo vicioso, porque con un tejado de uralita en mitad de África hace un calor de impresión y las cervezas entran solas, y eso alimenta la fiesta y con tanto bailoteo más calor y más visitas a la señora de las cervezas, que es cada vez más maja, sobretodo si le llevas las botellas vacías para que recupere el depósito en la tienda. Y no me quejo del calor, que con el tejado al menos hay sombra y le han puesto unos chorritos de agua como los de los invernadores de El Ejido, que antes debía de ser eso mortal.

En cualquier caso con la carne, las cervezas, la música (un DJ en directo, nada menos) y el buen rollo de todo el mundo te lo pasas de lujo hasta que llega la hora de irse. Por lo que nos contaron, esa hora es más o menos las seis y media de la tarde, cuando los auténticos vecinos del township empiezan a llegar a su sitio de barbacoa de toda la vida y los de fuera, muy educadamente, se van para que haya más espacio antes de que nadie tenga que pedírselo. Nosotros nos fuimos inlcuso un poco antes porque, por desgracia, es día teníamos que subirnos a un avión de vuelta al frío de Toronto.

Mzolis fiesta
Mzolis es bien (Foto de Ales Baeza. Las gafas no lo sé.)

Con eso de ser unos caguetas nosotros no llevamos cámara de fotos ni nungún otro instrumento para inmortalizar nuestra visita. Por suerte nuestro amiguete Alex tiene más valor y menos seso, y de ahí tenemos algunas fotillos del grupo. También le he pedido prestadas fotos a Vicky Philpott, una bloguera de viajes que sale entre los primeros resultados cuando buscas Mzolis en Internet porque tiene un post muy bueno (con un vídeo y todo) que os recomiendo os leáis: «Mzoli’s in Cape Town: Meat, Beer and Dancing, What More Do You Need?»

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