Piratas del Caribe: la trilogía que no debió serlo.

Después de mucho tiempo pensando en que algún día tendría que afrontar el trance, por fin me he visto la tercera película de Piratas del Caribe. Y la verdad es que se han confirmado mis temores tras las casi tres horas de peli.

Hace años, cuando tuve la suerte de ir al cine y ver Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra en una sala en la que sólo estábamos dos personas, salí del cine encantado, esperando encontrarme a la salida un barco al que subirme para ir a buscar doblones y beber ron en una isla desierta. Era una película perfecta para pasar un buen rato, que se te hacía corto porque no dejaban de pasar cosas y la acción te llevaba de una escena a otra con una soltura increíble. De hecho, bien podía haber sido una película de aventuras de Errol Flyn por esa agilidad y buen ritmo. Incluso la banda sonora, que por sí sola no vale mucho, era maravillosa integrada en la peli.

En la película, Johnny Depp volvía a demostrar por qué este calcetín está enamorado de él. El mismo hombre capaz de dar vida a Eduardo Manostijeras, y que más tarde daría vida al también grandioso Willy Wonka, creaba un personaje para sí mismo en forma de pirata sui-generis. Jack Sparrow rompió todos los moldes de lo que un capitán pirata puede ser, y no tardó en convertirse en un mito del cine moderno. Además, le acompañaban un Orlando Bloom de moda tras ser el gran Legolas en El Señor de los Anillos y una Keyra Knightley que por aquel entonces presentaba su candidatura a ser una de las nuevas guapas de Hollywood.

Vamos, un peliculón de un tal Gore Verbinsky al que no conocía ni su abuela. Y gracias a ese exitazo, Disney decidió hacer la segunda y la tercera parte, lo que a muchos nos llenó de alegría y excitación. Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto debía convertirse en una nueva oportunidad de disfrutar de la brillante mezcla de humor y acción que había sido su predecesora, y con Jack Sparrow a la cabeza para terminar de encumbrar a mi querido Johnny y llevar a Verbinsky al panteón de los directores de cine.

Pero algo no fue bien. El guión, para ser precisos. Probablemente el trabajar a la vez en la segunda y la tercera película es en parte culpable de que El cofre del hombre muerto parezca más un capítulo intermedio que una película en sí misma. La historia interna de la peli bebe demasiado de la primera y abre muchísimas puertas para no cerrar ninguna. Aún así, tiene algunos puntos muy buenos, y aunque puede hacerse un poco larga te hace pasar un buen rato si la ves más con espíritu de reírte con los chistes que de ver una historia mínimamente trabajada.

Y así llegamos a la primavera-verano de 2007, momento en que Disney ponía en los cines Piratas del Caribe: En el fin del mundo. Y yo, temeroso de que se me cayese el mito de Jack y el buen recuerdo que aún tenía del pirateo a la antigua usanza, me escondí entre los calcetines normales y un par de calzoncillos para no ir a verla. Pero la responsabilidad, el deber y un halo de esperanza de que el desencanto de la segunda parte fuese sólo porque estaban trabajando mucho más en hacer de la tercera algo apoteósico me obligaban a verla. Y eso es lo que he hecho. Pobre de mí.

La tercera película de Piratas del Caribe no es mejor que la segunda. De hecho es mucho peor y mucho más larga. Para empezar, la historia se va totalmente al lado de la fantasía, que en la primera película era sólo un apoyo y en la segunda simplemente una parte un poco liosa. La parte de la aventura y la acción queda totalmente de lado, y eso me joroba, sobre todo porque se abusa de Jack para compensar las carencias del guión. En la rayada mental que sirve de base a gran parte de la película hay escenas en las que aparecen unos treinta Jacks, cosa que en vez de resultar cuasi orgásmica como habría resultado en La Maldición de la Perla Negra se hace repetitiva y muy cansina, porque durante toda la película Jack resulta un personaje forzado y muy poco fluido.

Además, ni siquiera consiguen aprovechar los buenos momentos que tendría la peli. Por ejemplo, el discurso/arenga de Elizabeth o la boda en mitad de la batalla están totalmente desaprovechados cuando podían haber servido para salvar un poco la peli.

Así que lo que empezó siendo una película única que salió muy muy bien pasará a la historia como una trilogía floja, con películas demasiado largas y, en especial la última, con demasiada ida de olla (la parte de Jack en el mundo de David Jones sobra, las ilusiones de Jack con sus varios “yo” sobran, la hermandad de piratas no hace absolutamente nada…). También pasará a la historia por darle a Disney unos beneficios del copón, y por encumbrar a Johnny Depp… eso sí,más sobre una montaña de pasta en vez de por lo original y genial de su pirata.

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Hay 3 comentarios a este artículo

  1. dresde dice:

    @Alvarito: la segunda es demasiado larga y hay ratos en que se hace un poco muermo…

    @Montse: no, no la he visto todavía. Ni el combo tarantino-rodriguez… me queda taaaaanto por ver en este mundo!

  2. montse dice:

    Yo tambien adoro a Jony deep… lo hace todo tan bien!! y es tan tan tan..mmm.. ajaj

    Has visto la ultima del barbero «suini tod»¿? estupenda. A mi me ha gustado.. aunque hay gente a la que le resulta pesada.

  3. Alvaro Fett dice:

    Plas plas plas (aplausos). Estoy totalmente de acuerdo tio, tuve las mismitas sensaciones que tu al ver la tercera película, gran artículo.

    Tengo que decir que a mi la segunda sí que me gustó, es más, me encantó ese final con la tensión sexual entre Keyra y Jonhy (que se va forjando durante la peli y no tiene nada de infantil) y el Kraken, un «personaje» fantástico. Y llega la tercera y… ni tensión, ni Kraken (vaya forma más patética de resolverlo, ale, ahí muerto en una esquina).

    En fin, buen artículo tio!! (ya tengo crónica de mi viaje a los esteits!)