Viaje a Honduras: primer resumen

Este año teníamos planeado un viaje del copón a Sudáfrica para ir a ver a nuestro amiguete Diego,  pero al final las vacaciones no cuadraban y hemos tenido que dejarlo para febrero del año que viene. Así que para compensar y por huir del frío (y este año larguísimo) invierno toronteño nos pusimos como locos a buscar una buena playa donde tumbarnos una semana. Algunos ya estáis enterados de que mi cacho-carne ha estado trabajando en los últimos meses con una agencia que monta viajes a Honduras, así que tirando de enchufe les pedimos ayuda para saber dónde ir y qué hacer a un precio que estuviese a nuestro alcance. Siguiendo sus consejos nos organizamos en un tiempo récord un viaje a Honduras con bien de playa y un sutil toque cultural.

Aunque ha sido sólo una semana (ojo, que ahora eso representa nada menos que el 50% de mis vacaciones al año) nos ha cundido mucho, así que voy a dividir el viaje en varias entradas para que quepa todo: las aventuras, las playas de Roatán, las ruinas mayas de Copán, el buceo, la comida, etc. Espero que no os aburráis mucho, pero sobre todo espero que os corra la envidia por dentro.

viaje a honduras
¡Una semana de viaje a Honduras da para mucho!

Nuestro viaje empezó un sábado a las 3.30am. Las aventuras de las películas y de la gente con dinero empiezan a horas menos miserables, pero los plebeyos tenemos que lidiar con estas cosas. A esas horas el viaje en taxi nos costó casi lo mismo que el avión, pero todo tiene sus ventajas: el aeropuerto está vacío y lo haces todo rápido y sin agobios. Salvo porque la gente que trabaja en los aeropuertos de este lado del mundo no tienen muy clara la diferencia entre ser español (de Europa, no os olvidéis de subrayarlo) que necesita el ESTA pero no un visado para entrar en Estados Unidos, y te dan algún sustillo. Pero por más que me guste quejarme tengo que decir que en este viaje he tenido las mejores experiencias de mi vida con los agentes de inmigración.

Para empezar, los agentes de aduanas de Estados Unidos que nos tocaron eran la viva descripción de “simpatía”. Tanto que pensamos que les han dado la orden de ser majetes para ayudar a que la gente no se desquicie y que todo sea más fácil. Para continuar, y con mi buen historial de malos rollos con la aduana canadiense, ahora que tengo mi tarjetita de permanent resident sólo les falta ponerme una alfombra roja y darme un besito en la frente. Y luego está la aduana hondureña, donde no tuvimos ningún problema pero si alguna confusión. Por ejemplo, la declaración de aduanas que rellenas en el avión (lo de cuántos albaricoques traes en la mochila, cuántos paseos te has dado por granjas infestadas de gripe aviar, etc.) no nos la cogieron al entrar al país, pero sí tuvimos que volver a rellenarla al salir… lo que quieres que no confunde, porque no sabes cómo contestar a preguntas como “¿cuál va a ser tu dirección en Honduras?” o “¿Desde qué país vienes?”. La otra cosa curiosa es que entre el mostrador donde facturas el equipaje y el control de seguridad tienes que pagar el impuesto del aeropuerto (40 lempiras para vuelos nacionales, 40 dólares para vuelos internacionales), pero eso lo tienen muy bien montado.

mini-avion
El avión de los GI-Joe que tenía yo de pequeño era más o menos del mismo tamaño…

Además de con las aduanas también tuvimos suerte con los vuelos, salvo por dos detalles. El primero es que al hacer transfer en Atlanta en vez de un vuelo de seis horas teníamos dos vuelos de tres horas, así que Delta no nos dio de comer más que unas bolsitas de esas enanas con cacahuetes y pretzels. El segundo es de índole más moral, y es que da un poco de vergüenza que tu plan sea tumbarte en la playa y beber mojitos de un coco durante una semana cuando todo el avión (pero todo) está lleno de médicos, ingenieros y buenas personas que van a Honduras de voluntarios o misioneros para pasarse una semana salvando vidas, construyendo pozos y pintando orfanatos. Incluso el grupito de tipos duros que tenían pinta de irse de viaje de aventura se pasaron el vuelo leyendo, subrayando y comentando una Biblia. Por si alguna vez os hace falta, he estado desarrollando lo que voy a decir la próxima vez para no tener que mentir o sentir que me miran con reproche:

Resulta que cerca de esta playa paradisiaca existe una pequeña comunidad de pescadores de langostas y dueños de chiringuitos que están pasando por momentos muy duros, ya que no pueden competir con las grandes empresas turísticas norteamericanas y europeas, así que vamos a pasar una semana entera ayudándoles a mantener su forma de vida.

Tonterías aparte, lo cierto es que Honduras es uno de los países con mayor índice de pobreza de la región. Nosotros, que tenemos unos sueldos de lo más corriente y una cuenta de ahorros más que pelada después del último par de años, nos sentíamos con dinero para gastar y repartir… ¡en mi vida he sido tan generoso con las propinas! No merece la pena ni regatear con el moto-taxi, porque al cambio estás rateando un dólar a alguien que le va a sacar mucho más partido que tú. Para que os hagáis una idea,  en algunos sitios hemos comido con cerveza y hasta quedarnos bien llenos por lo mismo que nos cuesta una cerveza en Toronto. Incluso en Roatán, que es considerablemente más caro por aquello de ser una isla paradisiaca llena de turistas norteamericanos, compramos en el supermercado seis latas de cerveza por menos de un dólar.

desayuno honduras
Esto lo llamaban en el menú «desayuno tradicional». No volvimos a comer hasta la cena.

Por desgracia, a otra cara de la pobreza es que en muchos casos se transforma en problemas de seguridad, hasta el punto de que San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande de Honduras y el centro de la economía del país, es estadísticamente la ciudad más violenta del mundo. Por lo que hablé con mi madre y sobre todo por la nota de terror en la voz mi abuela cuando llamé antes del viaje los medios españoles os han contando todo esto con pelos y señales. Pues bien, nosotros no hemos sufrido ni hemos visto ningún problema. Por supuesto íbamos con más cuidado de lo habitual, sobre todo después de ver que en Honduras los guardias de seguridad llevan metralleta o escopeta, pero lo que nosotros hemos visto es todo gente honrada y amable hasta el hartazgo.

Por ejemplo, según llegamos al aeropuerto me di cuenta de que teníamos que llamar al hotel para avisar de que íbamos a llegar algo tarde, y cuando pregunté a un chico dónde había un teléfono directamente se sacó la Blackberry del bolsillo y me dejó llamar. Y luego en el autobús estuvimos hablando con un hombre bien agradable sobre viajes, política y cosas que hacer en Honduras; y al despedirnos nos dio su teléfono por si nos quedábamos en San Pedro Sula que tuviésemos a alguien para enseñarnos los sitios donde ir y mantenernos lejos de las zonas peligrosas. Por si acaso, nosotros decidimos mantenernos bien alejados de San Pedro Sula, así que sólo conocemos el aeropuerto y la estación de autobuses.

Y también hay un par de detalles que nos han gustado sobre la seguridad en Honduras. El primero es que tanto en el aeropuerto como en la estación de autobuses controlan que el equipaje que te llevas a casa es de verdad el tuyo, con un gesto tan simple como comprobar al salir el número de la etiqueta que te dan al facturar la mochila (o la pegatina con un código de barras que pegan en tu pasaporte al facturar para el avión). El segundo detalle es que yo, como madrileño de pura cepa, vivo con la mosca detrás de la oreja pensando que todo el mundo va a intentar timarme, cobrarme de más o engañarme con las vueltas… y en Honduras todo lo que hemos tenido que pagar cuadraba a la perfección con lo que nos habían dicho o lo que habíamos leído en las guías de viaje. Incluso cuando hemos cogido medios de transporte alternativos como el coche del primo de un camarero o un autobús de colegio que se paró a recogernos.

Para terminar con esta primera entrada, os tengo que contar que la guinda al pastel la puso Delta al traernos de vuelta a Toronto, pese a no darnos de comer. Resulta que en el segundo vuelo tenían overbooking y alguien tenía que quedarse en tierra… ¡pero lo sorprendente es que la gente no mate por estar entre los elegidos! A los voluntarios nos ofrecían por supuesto un hotel para pasar la noche (el vuelo era a las 21.40, y el siguiente a las 7.20 de la mañana), transporte entre el aeropuerto y el hotel, dinero para el desayuno… ¡y $600 para gastar en otro vuelo! Es decir, que el vuelo de este viaje nos ha salido gratis. No, perdón, nos a costado cinco dólares por persona. Y el hotel era un Westin nada menos, así que nos salió redondo. Lo más curioso es que con el tema este del vuelo acabé entrando y saliendo de Estados Unidos sin tener que rellenar y devolver el famoso I-94W… pero ya he dicho al principio que hemos tenido una suerte loca con las aduanas en este viaje.

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Hay 3 comentarios a este artículo

  1. dresde dice:

    @Narayani: no sé qué pasa con los comentarios… he intentado arreglarlo varias veces pero no consigo dar con la clave. Me parece que voy a tener que cambiar todo el tema del diseño :S Gracias por avisar!

  2. Narayani dice:

    Qué pena que no tuvieras que rellenar el I-94W con la de entradas que podrías haber hecho con eso!! 🙂

    El viaje pinta genial. Iré leyendo las entradas poco a poco.

    Por cierto, las entradas anteriores están todas leídas ya pero sigo teniendo problemas para comentar muchas veces…

  3. Nicolás Giménez Doblas dice:

    No puede tener mejor pinta el viaje. Esperamos con gran interés tu entrada sobre las ruinas mayas de Copán. Un abrazo primo.