Desde que llegó el cachito-carne a nuestras vidas he estado esperando el momento en que nos llegase a casa un día con los deberes y tuviésemos que pasarnos el fin de semana entero estudiando para poder ayudarle. Creo que es una parte básica de la experiencia paterno-filial, y lo viví de primera mano cuando los padres de mi cacho-carne se encontraron enfrente de una raíz cuadrada o una frase que analizar sintácticamente. No es que no supiesen hacerlo, es que en sus tiempos se hacia de otra manera… y ojo que resulta que no era coña, porque he visto cómo enseñan en el colegio del cachito-carne a hacer una división normal y la verdad es que la cajita y los números van en sitios completamente distintos de lo que yo recuerdo.
Lo que no me podía imaginar es que en primero de primaria nos llegase a casa un día con los deberes para hacer un PowerPoint. Tal como suena: dos semanas para hacer una presentación sobre sus responsabilidades y las tareas que hace en casa.
Obviamente nos quedamos todos ojipláticos. No es que seamos fundamentalistas en contra del uso de la tecnología en clase, pese a que por lo que cuenta el cachito-carne la pizarra inteligente pasa muchas horas poniendo vídeos de YouTube; y sabemos que en algunas clases usan iPads, y mira, viendo el mundo en el que van a vivir tiene sentido que se familiaricen con estas cosas. Pero pedirle a un niño de seis años que te haga un PowerPoint es, lo mires por donde lo mires, excesivo. Así que tras despotricar un poco llegamos a la decisión de que había que ser padres involucrados en la vida del colegio y enviarle un mensaje a la profe. Lo hizo la cacho-wife porque yo no sé cómo traducir al francés el matíz y significado profundo de «pero, y esto… ¿qué?».

No debimos de ser los únicos que escribimos, porque al día siguiente la profesora mandó un mensaje a todos (a través de la app de la clase) explicando las instrucciones con un poco más de detalle. Y entonces una madre, de esas que no se corta un pelo, respondió abriendo el melón a la vista de todos para que cada uno cogiese su trozo: Es muy importante aprender a usar un ordenador, pero ¿no es un poco pronto, dado que todavía no saben escribir? ¿Han utilizado ya un teclado en clase, o se espera que tecleemos los padres? ¿Les habéis explicado PowerPoint, o es algo que tienen que aprender en casa?
La profe no tardó en contestar: El objetivo principal es que los niños tengan que reflexionar sobre el tema, pensar qué van a contar y completar (a mano) la plantilla del proyecto. El PowerPoint (o Canva para quien lo prefiera) es para que después trabajen en sus habilidades de comunicación oral y piensen si les ayuda más tener en la pantalla notas, imágenes, palabras sueltas…y sí, la idea es que lo hagan juntos con los padres.
Lo de mandar deberes que involucren a los padres no me parece mal ni me sorprende, que los modelos de planetas y tal que se presentaban antes tampoco los hacíamos los niños sólos. Y, sinceramente, habiendo visto los PowerPoints que nos han cascado en algunas reuniones de padres, prefiero mil veces estar yo al mando de esta parte de la educación (estoy valorando contraatacar metiendo diecisiete animaciones de transición entre las dos diapositivas del ejercicio); aunque reconozco que se nota que la profe de este año es distinta y ahí está esa referencia a Canva como prueba. Pero tenemos tiempo de sobra para esto. O a lo mejor es al revés, a lo mejor ya no queda tiempo, que para cuando el cachito-carne termine el instituto el PowerPoint lo mismo ha pasado a la historia porque ya se hace todo a base de prompts a la inteligencia artificial.
Vamos, que me parece que estamos empezando la casa por el tejado cuando, en esta etapa, sería mejor explicar primero qué es una casa y para qué sirve un tejado. ¿Algún otro padre flipando en colores?

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