<–Prepara tu calabaza en el Vol.1
Si el gran símbolo de Halloween es Jack Lantern, la gran tradición es disfrazarse. Y en realidad la parte más puerca es decidir de qué quieres ir disfrazado, porque tiene que ser algo original, molón, fácil y barato. Sí, puedes comprarte disfraces chulos, pero no son ni originales ni baratos. Además, la parte de currarte tu propio disfraz mola, te hace sentir útil y creativo.
A la hora de escoger el disfraz de mi cacho carne teníamos que encontrar algo realmente brutal para el primer Halloween. Tras pensar y repensar, mirar páginas y páginas de Internet (no todas ellas porno) y desechar no pocas ideas, vino un momento de inspiración en formato .gif en la búsqueda de imágenes de Google: Eduardo Manostijeras. Factible, sumamente molón, con el toque terrorífico que los españoles asociamos a Halloween porque no tenemos ni idea de que vale ir disfrazado de oso amoroso, y un tributo a Johnny Depp, cuya sola mención hace de cualquier día algo increíblemente guay.
1 – Materiales
En seguida nos decidimos por la versión de Eduardo Manostijeras con camisa blanca, más sencillo que el traje de cuero con hebillas por todas partes. Así que fuimos a Value Village, una tienda de ropa de segunda mano donde hay de todo –y para Halloween tienen también muchas cosas nuevecitas-, para hacernos con lo necesario para el disfraz:
1) Maquillaje (de las cosas que interesa que no sea de segunda mano): base blanca y algo de negro y rojo.
2) Camisa Blanca: con que sea de tu talla, lisa y con cuello tradicional vale.
3) Pantalones oscuros: a ser posible negros. También de tu talla.
4) Tirantes: tienen que ser negros, pero hay que buscar el truco. Si por un lado son totalmente negros da igual que por el otro parezcan el envoltorio de Nestlé Jungly.
5) Peluca, salvo si has sido previsor los últimos 7 años y te has dejado el pelo largo.
Lo bueno de Value Village es que hay muchísimas cosas y todo es muy barato. Lo malo es que mientras tu coges una prenda y dices “Dios, qué cosa más horrible, menos mal que lo quiero para disfrazarme de cortina de los años setenta y sólo cuesta 7 dólares, que ya me parece caro para algo tan horrendo” alguien lo está mirando con la intención de incorporarlo a su fondo de armario (que no es decorar el armario por dentro sino ponérselo de forma más o menos habitual) y si no te das cuenta a tiempo te puedes sentir mal al hacer que esa persona se sienta mal.
2 – Las Manos-Tijeras
A la hora de disfrazarte de Eduardo Manostijeras, uno de los sutiles detalles que más ayudan a definir el personaje son las tijeras en las manos. Puedes optar por comprar el guante de Freddy Krueger, pero no son tijeras y encima sale caro. Nosotros encontramos en el Value Village unos guantes negros por un dólar el par, así que los cogimos y nos intentamos currar las tijeras con cartón (una caja de Cheerios), papel de aluminio y un rotulador negro.
El proceso es sencillo: coges un cuchillo y unas tijeras como modelo, y haces el dibujo del filo del cuchillo con el mango de las tijeras. Tras un poco de raciocinio y un par de pruebas prácticas descubrimos que es mejor pasarse un poco por el forro la forma natural de las tijeras y hacer el mango extraño que se ve en las fotos, con lo que ganas movilidad dedil. Después, forras la parte del filo con el papel de aluminio y pintas la parte del mango de negro, calculando con tu propio dedo cuánto mango necesitas para que quede bien.
Ahora viene la parte chunga, que es pegar las tijeras a los guantes. Dado que no encontramos la cinta adhesiva negra que habría sido el ideal, usamos un celo de esos transparente. Hay que asegurarse de usar como soporte sólo la mitad del dedo, para poder doblarlos luego. Lo suyo es poner sopotocientas cuchillas por mano, pero con cuatro (una de ellas en el pulgar para poder enfrentarlas) tienes un buen equilibrio incomodidad/molonismo.
3 – La noche de Halloween
Antes de seguir con el tema del disfraz, quiero comentar algo. Antes de que tú te plantees vestirte e irte de parranda alcohólica hasta que las fuerzas de seguridad del Estado hagan acto de presencia a instancias de una llamada de un vecino, los niños pequeños llegarán a tu puerta diciendo “trick or treat”. Y sinceramente, la sensación de hacer feliz a un niño disfrazado de Spiderman diciendo algo sobre su disfraz y dándole un par de caramelos, merece mucho la pena. Además, el conservar esta tradición tiene la ventaja de que las tiendas seguirán teniendo un gran excedente de caramelos y chocolatinas la semana siguiente que tienen que vender muy por debajo del coste habitual.
Volviendo a lo nuestro, ahora que ya tenemos todo listo no queda sino ponerlo todo junto. La parte más compleja es el pelo, pero eso es tener a una mujer cerca que entienda un poco. Ojo, no quiero hacer un comentario sexista, pero las posibilidades de que un tío sepa qué productos, herramientas y técnicas son necesarias para hacer algo raro con tu pelo son mucho menores que con una chica. Lo mismo con el maquillaje, y lo demás es igualito que vestirse.
Y ya está, sólo nos queda irnos de fiesta y disfrutar de los comentarios sobre lo increíblemente molón que es tu disfraz. Y da igual si al cabo de cuatro horas se han caído todas las tijeras y no hay ningún tipo de cinta adhesiva en la casa; o que haya que pedir a la gente que saque tu cerveza de la nevera, la abra y la coloque en tu mano porque con las tijeras puestas es muy difícil; o que tengas que pedir a alguien (mejor si tienes confianza) que te de patatuelas y doritos porque con las tijeras no hay forma de cogerlos.
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