DUWO, el grifo y yo

Desde hace casi un mes el grifo de la cocina gotea. Normalmente no es algo que me moleste demasiado, salvo porque siempre que veo un grifo gotear me vienen a la mente las amenazas del infierno y sequía mundial con las que nos inundaron (paradójicamente) en el ’95, y todo por no apretar bien una maldita tuerca. Pero esta vez es diferente. En mi casa holandesa la cama, y más concretamente la almohada, dista unos dos metros del grifo de la cocina. Y eso es muy cerca cuando se trata de gotas cayendo permanentemente en el silencio de la noche.

Así que como no han venido todavía a arreglarlo, un día me propuse hacer un experimento. Al terminar de desayunar, puse un tazón debajo del grifo. Lo cerré con fuerza, como llevo haciendo todo este mes. Y me fuí a clase. Y volví, y me volví a ir… así hasta la hora de dormir, sacando fotos del inexorable avance de la desertización del mundo al irse llenando mi tazón.

Cuenco a las 11:43.
Cuenco a las 11:43.

Para quien no lo sepa, DUWO es la inmobiliaria que tiene un acuerdo con la Haagse Hogeschool para buscar casa a los estudiantes internacionales. Antes de venir nos dieron a elegir entre buscarnos las habichuelas o dejarles hacer, y dado nuestro escaso conocimiento del mercado inmobiliario holandés, tiramos por la segunda opción. Y la verdad es que, como bien recordaréis, cuando llegué y vi mi casa me alegré.

Y es que pese a que DUWO y la International Office tienden a usar estrategias mafiosas (como hacerte firmar el contrato de la casa antes de verla, entrar en tu casa a ver si la cuidas, usar sus bienes inmuebles para facilitar el permiso de residencia a quien les interesa…) mi casa está muy bien: pared con pared con la universidad, nueva, todo funciona, no tengo que compartir nada con gente que no conozco y que me deja el baño lleno de mierda. Claro, que eso se paga en el coste del alquiler.

Cuenco a las 13:31.
Cuenco a las 13:31.

Eso sí, ahora tengo claro que preferiría que me hubiese tocado alguna de las casas compartidas. No las residencias, pero sí los pisos en los que compartes con dos alumnos más y así puedes hablar con ellos sin tener que salir, relacionarte con más gente o enterarte de los cotilleos. Además de más barato, me parece más divertido y mejor experiencia para el futuro que estar viviendo completamente solo.

Pero insisto en que técnicamente mi casa es lo mejor: todo nuevo, todo mío, todo tan limpio como yo lo mantenga. Y cuando algo falla, la oficina de la inmobiliaria está dos pisos más abajo, así que no tardo en ir a quejarme. Ojo, y lo he hecho varias veces, sin contar las que me he quejado ya del maldito grifo. No vaya a ser que por no quejarte luego te quieran cobrar el depósito, los puercos.

Cuenco a las 15:21.
Cuenco a las 15:21.

Para empezar, el día que llegué tuve que bajar a indicarles que había un cristal de una ventana totalmente rajado, y una mancha de humedad en la pared que hacía suponer que la ducha perdía agua. Como el tema de la humedad les podía costar mucha pasta, a los dos días tenía a un tío que no hablaba mucho inglés (y yo por aquel entonces lo tenía todavía con poco rodaje) a arreglar la ducha. Como lo de que me diese una pulmonía no les costaría un duro, no vinieron a arreglar la ventana.

Así que he bajado a pedir que arreglen la ventana varias veces. Porque da tiempo a bajar muchas veces a pedir que la arreglen durante los seis meses que tardaron. Entre medias, y ya que bajaba, les pedí pequeños arreglillos como el del portero automático o el suelo. Para el portero automático vino el tipo de DUWO (“el calvo del duguo”, para los colegas) y me dijo que me mandaría a su colega técnico del tema. Su colega vino un par de días después y, mientras yo esperaba que trajese un sinfín de herramientas y conocimientos, me dijo: levantas el auricular, pulsas este botón durante diez segundos y listo, es que se desconfiguran. Para lo del suelo, “el calvo del duguo” me dijo que no podía arreglarlo en ese momento porque no tenía el pegamento especial en la furgo así que vendría al día siguiente con él. Pasada una semana vino un tipo distinto, y mientras yo pensaba que usaría un pegamento superincreíblemente moderno y especial, arregló el suelo con un martillo y cuatro clavos. Sí, yo también pienso que “el calvo del duguo” debería ver más bricomanía.

Cuenco a las 17:50.
Cuenco a las 17:50.

Para lo del cristal, la historia fue más larga, como empieza a ser la del grifo. Al cabo de varias bajadas a quejarme, incluyendo cosas como “ya va a ser invierno y me voy a pelar de frío”, un día recibí una llamada. A las 9:00 en punto de la mañana, un viernes y en holandés. Recordemos que los viernes no tengo clase y que por tanto los jueves se sale. El caso es que la llamada era “urgente” según la tipa al otro lado del teléfono, porque el jueves de la semana siguiente llevarían el cristal y querían saber si estaría en casa. Les dije que no lo sabía, pero que ya di a DUWO el consentimiento de entrar en casa si yo no estaba cuando viniesen a reparar las cosas para que no se me alargase cada chapucilla eternamente.

El jueves de la semana siguiente no vi entrar a nadie en casa con un cristal de dos metros de alto y tres centímetros de grosor, así que deduje que no vinieron. Ya tampoco me importaba, porque me volvía a España por Navidad y deduje que lo pondrían en esos veinte días. Craso error, porque cuando volví en enero mi cristal roto ahí seguía. Pero una semana después aparecieron dos operarios con un cristal y conocimiento nulo de inglés. Como yo estaba eufórico, y llevaban un jodido cristal para ventanas, no nos costó mucho entendernos.

Cuenco a las 19:46.
Cuenco a las 19:46.

Y me encontraba sentado alegremente delante del ordenador, como ahora, mientras ellos quitaban mi cristal roto y ponían el cristal nuevo. Hasta que de repente, les vi quedarse mirando el cristal recién puesto con gesto de contrariedad, quitarlo y volver a poner el viejo. Como no hablaban inglés, supongo que mi cara de asombro y estupor fue suficiente para pedirles una explicación. Haciendo un gran esfuerzo, el tipo consiguió decir en inglés: we took the wrong glass. Luego, de nuevo con gran esfuerzo, me dijo que traerían el nuevo lo antes posible.

Cuenco a las 22:34.
Cuenco a las 22:34.

Por suerte para DUWO, ese mismo fin de semana fue el fantástico viaje a Alemania, y a la vuelta me encontré con un cristal totalmente no-rajado colocado en la ventana. Por desgracia para DUWO, habéis visto que en sólo diez horas y cincuenta y nueve minutos el tazón se ha llenado, y hace un mes que estamos así. En cuanto suba este artículo bajo a saludar.

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  1. Phempo dice:

    Pues verá usted que cuando uno está solo quiere compañía y viceversa, aunque no se si lo de loscalcetines en pareja tendrá algo que ver. Lo más rápido para el grifo es arreglarlo, que no es tan difícil si uno consigue cerrar previamente la llave de paso, pero como no es cosa de quitar trabajo a los demás, hay sugerencias para que el goteo moleste menos:
    Poner debajo algo que amoritgüe el sonido, como la spontex o un paño de cocina, o poner el tapón y cuando haya algo de agua hacer espuma con el Fairy (esto es meramente teórico y no comprobado, los anteriores sí). Y quizás cambiando de norte a sur en la cama podrías conseguir que te quede casi dos metros más alejado. En fin, lo mejor es que vaya el técnico y lo solucione en pocos nanosegundos, que se tarda más en pensarlo que en hacerlo, aunque cambiar el grifo entero en un fregadero con un armario inferior muy estrecho es toda una experiencia. Y no gotea ni nada.
    Feliz resto del invierno y que te duren las reservas acumuladas aquí.