Gouda y la Navidad en Holanda

En Holanda, como en todo el mundo, lo mejor que tiene el invierno es que llega la Navidad. Y, como en todas partes, se coge un poco de la cultura de cada sitio y se crea un cultura navideña propia que incluye villancicos, regalos, comida y tradiciones raras.

Tralará, tralará, dulce tra lará...
Tralará, tralará, dulce tra lará...

Aparte de adornos por todas partes, resulta que en Gouda (que se pronuncia “jouda” pero dicho muy rápido) cogen un día, apagan todas las luces y se quedan a la luz de las velas cantando villancicos. La cosa parece no tener mucha más gracia, pero con un afán cultural capaz de razonar cosas del tipo “me quedo sin tiempo para los trabajos, me gasto el dinero con el que pensaba comer estos días, pero es el tipo de cosa cultural por el que merece la pena estar de Erasmus” fuimos a verlo y mereció mucho la pena.

“a ver, que apagamos las luces y encendemos velas y queda esto precioso”.
Está claro: “a ver, que apagamos las luces y encendemos velas y queda esto precioso”.

Ya ha llegado el momento de decir que todas las ciudades holandesas son iguales. Muy cucas, muy monas, muy holandesas y muy iguales. Así que no hice mucho turismo en Gouda, en parte porque con el frío no me apetecía nada, en parte porque era de noche, en parte porque mi amor por el queso me hace saber que voy a volver allí para hacer la gracia de pedir el mejor Manchego que tengan. En cualquier caso, la gracia de las velas hace que vaya a Gouda un montón de gente, que haya conciertos y coros navideños por todas partes y que, de repente, te des cuenta de que ya es Navidad no sólo en El Corte Inglés sino en todas partes.

Cuando apagaron realmente todas las luces y nos quedamos sólo con la luz de las velas que había tanto en cada ventana de la iglesia como en cada ventana de las casas de la plaza, la cosa se puso muy bonita. De haber entendido los villancicos en holandés me habría parecido un momento glorioso, pero no se puede tener todo en esta vida. De todas formas esto ha hecho que me entre el afán navideño, así que aquí van unas cuantas notas sobre la navidad en Holanda.

omo veis, merecia la pena ir a verlo.
Como veis, merecía la pena ir a verlo.

Como siguen siendo unos herejes, pardiez, aquí no les van los Reyes Magos, sino que tiran del gordo vestido de rojo que todos conocemos. Eso sí, como ya he dicho más de una vez los holandeses son muy suyos, y para empezar Papá Noel no se llama Papá Noel, sino Sinterklas. Como alguien les dijo que muy originales, pero que sonaba igual que Santa Claus, los holandeses dijeron: pero el nuestro mola más, que viene a principios de Diciembre y puedes fardar de los juguetes en el cole. Asumamos que lo de que los Reyes vengan el día 6 de enero y las clases empiecen el 8 es un error garrafal de la sociedad en la que me he criado, así que a mí lo de que los regalos lleguen tan pronto me mola. Quizá cuando lleguen las vacaciones ya estás un poco hastiado del regalo, pero mejor eso que no poder disfrutar de él.

El caso es que Sinterklas viene el día de San Nicolás, que es lo que significan tanto Sinterklas como Santa Claus (colleja a los americanos por ponerlo el día de Navidad), y trae regalos para todos los niños buenos y a los malos les trae sal (que es más barata que el carbón, pero más útil). Lo realmente curioso es que viene de en barco desde España. Dada la histórica relación de Holanda con España y dado que a los niños se les dice aquello de “termínate la cena que si no viene el Duque de Alba”, no deja de tener gracia que también seamos nosotros los que hacemos que su Navidad tenga sentido cada año. En mi opinión eso compensa cualquier tipo de maldad que llevase a cabo el Duque de Alba, pero también crea en los niños una imagen de España un poco confusa: los españoles son malos y vienen y te escamochan si no te terminas las lentejas, pero te traen regalos cada año si te portas bien… ergo si no me como las lentejas y eso es ser malo me la trae floja que me regalen sal porque antes habrá venido el Duque de Alba.

Sinterklaus en persona en Gouda.
Sinterklas en persona en Gouda.

 

Si las pilas de la cámara hubiesen estado cargadas, o las pilas de reserva hubiesen estado cargadas, o el móvil español (que tiene cámara, no es que quisiese llamar a Sinterklas para que esperase catorce horas a que se cargasen las pilas) no tardase seiscientos años en encenderse, podría poner aquí alguna foto de la llegada de Sinterklas a La Haya.

Un día al salir del súper vi que el puente estaba levantado, cosa no del todo rara, y que en el barco que pasaba había una banda de payasos. Esto segundo no sería raro si no fuese porque me refiero a un grupo de músicos vestidos con ropa de payaso. Así que me acerqué y vi que en el barco iba Sinterklas en persona, y que su destino era justo al lado de casa donde esperaban a Sinterklas un montón de niños vestidos de pajecillos, sus respectivos padres, un despliegue policial digno de tal estrella, un carruaje y una banda de músicos vestidos de soldaditos de plomo. No entiendo porqué los músicos no se visten de músicos, pero después empezaron todos una cabalgata que pasó justo por debajo de mi ventana.

La cabalgata era un poco tristona, acostumbrado a la magnificencia de los Reyes Magos en Madrid y su increíble despliegue de medios. Pero claro, también perdía mucho al hacerlo a mediodía y precisamente el primer día en mes y medio que se ve el sol en la ciudad (luego nada de lucecitas de colores, papelitos brillantes…), por llevar a toda la tropa policial pero no cortar ni una calle… eso sí, serán holandeses pero tienen un mínimo de respeto por las tradiciones y daban caramelos, aunque a mi ventana no tiraron ninguno. Al menos hoy en el súper me han regalado esto, para compensarme.

El empaquetado es genial, pero sacar el resultado vacuno final por esa puertecita…
El empaquetado es genial, pero sacar el resultado vacuno final por esa puertecita…

De todas formas nosotros no somos holandeses, y aunque lo de Gouda estuvo muy bien y nos hacen gracia todas estas tradiciones, seguimos un poco descolocados. Por ejemplo, cuando los de la universidad nos dejaron caramelos en el buzón por lo de Sinterklas nos hizo ilusión, pero el inmenso amor de los holandeses hacia el regaliz negro lo tira por tierra. En cambio una tradición que mola es que durante la semana de Sinterklas había galletitas de jengibre por todas partes, y te obligaban a comértelas.De hecho, yo para poder entrar de una vez al Museo de Escher (envidiadme, muhahaha) tuve que coger tres veces y a la tercera llenarme las manos a más no poder, que si no la señora no me quitaba el bol de delante de las narices.

En cualquier caso en menos de una semana estoy en Madrid disfrutando de la Navidad de toda la vida.